El Ex Presidente de la Republica y Ex Secretario General de la OEA, Miguel Angel Rodriguez, nos ha enviado este articulo en homenaje a las madres, en su dia:

Miguel Ángel Rodríguez E.

En Costa Rica la celebración del Día de la Madre es una ocasión muy especial, y no solo  una fecha de intenso trajín comercial. No se si así será en todas las culturas, y profundamente anhelo que los justos y necesarios cambios de los roles de hombres y mujeres en el seno de la familia y de la sociedad,  no alteren esa celebración en nuestro país.
 
Desde el jardín de infantes los niños y niñas aprenden a preparar para ese día la tarjeta mejor presentada para felicitar a su mamá. Los hijos y las hijas ya mayores ahorran de sus magros ingresos sacrificando la soda o el tostel, el trompo o el alquiler de un juego digital para comprar un presente a la mamá.  El matrimonio joven con ilusión piensa en el obsequio para la madre, y el almuerzo, la cena o la reunión de la familia en casa de la abuela. Los que ya tenemos más años, y quienes han sufrido la pena de una temprana separación, llevamos flores al cementerio. Todos reconocemos la ternura, la dedicación, la eficiencia y la alegría que nos depara el amor materno.

Este año el día de la madre tiene para mi familia visos muy especiales y de intensa felicidad, felicidad como sentimiento, felicidad como satisfacción con el deber cumplido, felicidad como objetivo de vida.

Andrés, el hijo que trabaja en una universidad en los Estados Unidos ha venido a acompañarnos con su queridísima esposa Vanessa y los tres increíbles nietos Sebastián y Antonio con 12 y 9 años, y  Luisana con 5.

Nuestra hija Ana Elena espera para estos días el nacimiento de Julián su primogénito, y claro que todos vivimos con su esposo Alberto esa maravillosa y radiante maternidad.

Marielena, la madre de Lorena, con lucidez y espíritu envidiables preside con sus 91 años la celebración en nuestra familia.

El sacrificio, la dedicación, la sabiduría de las mamás, que en todos los rincones de la tierra acercan a Dios a sus hijos y los hacen crecer en sabiduría, salud y alegría, es la muestra más evidente de que la persona humana está llamada al bien, la verdad y la belleza.

No dejemos nunca de ser niños en la espontaneidad y la dulzura con las que reverenciamos a las mamás.