El dirigente comunal don José Naranjo, de la Legua de los Naranjos, Aserrí, dirigió una carta a los diputados de la actual fracción del PUSC señalándoles que, en su opinión, se equivocaron totalmente al no enfrentarse a la persecución al Ex Presidente Miguel Ángel Rodríguez, la cual transcribimos a continuación, respetando fielmente el original.

El Protocolo y los Procedimientos:

JOSE BARRANTES C.

Uno de los momentos más tristes y dolorosos de la historia de Costa Rica se dio el Martes 8 de marzo de 2005. En la Agencia del Banco Nacional de Monteverde tres asaltantes fuertemente armados ingresaron e intercambiaron disparos con oficiales de seguridad de dicha Agencia. El resultado 9 personas muertas: cuatro clientes, dos empleados, un oficial de una de las unidades especializadas de la policía y dos asaltantes. La desesperación de quienes sobrevivieron y permanecieron secuestrados durante cerca de 28 horas por el único de los delincuentes que permaneció con vida para luego entregarse a la policía.

 Este hecho además de hacernos reflexionar en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana y la labor de prevención y seguridad de nuestras autoridades nos deja una gran preocupación. Unos meses atrás el fiscal Dall’Anese se refirió al arresto de los expresidentes Rodríguez y Calderón, así como al del sacerdote Mynor Calvo diciendo que: “estos debían ser tratados de igual manera que cualquier otro ciudadano”. Pero además montó su espectáculo personal: luces, cámaras, ACCIÓN. ¡Qué Dall’Anese llegó!.

 La exposición, el linchamiento público y la violación de la presunción de inocencia estuvieron a la orden del día. El “señor” Fiscal General y sus amigos se convirtieron en fiscales, jueces, testigos y verdugos. Un “show” montado apegándose “AL PROTOCOLO” del poder judicial. Donde todo lo ocurrido y lo actuado, según ellos, estuvo a lugar.

 HOY sin embargo parece que los expresidentes y el sacerdote no fueron tratados como cualquier otro ciudadano. Uno de los hombres responsables de nueve vidas en Monteverde fue protegido de los medios y de la gente. Fue trasladado en carro y no en una “perrera”; además se paseó sin esposar por los Tribunales de Puntarenas, donde hasta recibió palmadas en la espalda de algunos de los funcionarios del lugar. Extrañamente en este caso no hicieron falta ni los chalecos antibalas ni las ensordecedoras escoltas tipo vuelta ciclística.

 ¿Y el protocolo, los procedimientos y las conferencias de prensa parecidas más a la presentación de una precandidatura? AUSENTES

 Será acaso que el asaltante merecía un trato especial por ser un asesino. O será más bien que el trato a los expresidentes fue el diferente a lo normal. Propaganda, popularidad y premios gratis para el fiscal y sus amigos serán acaso ese famoso y controversial “protocolo”.

 El pueblo costarricense que hoy sufre por las vidas perdidas en Monteverde es también el pueblo que observó y es sabedor de las injusticias hacía quienes le han dado a ésta nuestra Patria mucho más que algunos que únicamente buscan popularidad y congraciarse con sus amigos.

 Basta ya de injusticias, diferenciaciones, ilegalidades y persecuciones. No juguemos con el pueblo y con el dolor ajeno. ¡Costa Rica no lo merece!.

Por Miguel Angel Rodríguez

No he sido condenado por ningún Tribunal. El proceso apenas está en su fase de investigación, por lo que ni siguiera se ha planteado una acusación penal. ¿Eso le sorprende? No es extraño que le asombre. En virtud del ambiente creado por parte de ciertos sectores, esas simples verdades son una enorme sorpresa para la mayoría de los costarricenses, a quienes se les ha hecho creer que ya fui condenado en juicio, que es hoy día inexistente.

Por Ricardo A. Salas Bonilla
Madrid, 20 de diciembre de 2004

 

La justicia, así como la honradez, deberían ser la meta de nuestra conducta con los demás.

Ricardo Salas B.

Los costarricenses estamos muy conscientes que las ventajas esenciales de nuestro país se encuentran en su tradición de legalidad y respeto irrestricto al Estado de Derecho. Pero, paradójicamente, permitimos impávidos que esa tradición se violente ante nuestros ojos, y no solo lo permitimos, sino que en muchos casos lo aplaudimos.