"Un país donde la justicia está en riesgo es un país donde algo muy grave falla y quienes realmente están en riesgo son sus propios ciudadanos, y aquellos turistas, o profesionales extranjeros, que por una razón u otra lleguen al país", alerta la escritora Carmen Soto Díez en este artículo publicado en La República del 27 de diciembre de 2006, que reproducimos a continuación:

12/27/2006

Un país donde la justicia está en riesgo es un país donde algo muy grave falla y quienes realmente están en riesgo son sus propios ciudadanos, y aquellos turistas, o profesionales extranjeros, que por una razón u otra lleguen al país.

Se cumplía ese día un año de mi última llegada a Costa Rica. Ciertamente pude gozar de los maravillosos paisajes, de la riqueza medioambiental y de toda la fauna que ofrece ese país, pequeño en extensión pero grande en su riqueza natural, no sin razón es una realidad aquello de "pura vida".

Pude comprobar una vez más la amabilidad y la grandeza de sus gentes, pero al mismo tiempo me embargaba una honda preocupación.

En esa semana que pasé en Costa Rica, pude comprobar en primera persona, no solo que la justicia estaba en riesgo, sino el grave riesgo de la injusticia.

Por motivos profesionales, en setiembre de 2004 estuve en Nueva York y a continuación tuve que viajar a Washington. Hacía pocos días que el secretario general de la OEA, elegido por unanimidad de los 34 países demócratas, había asumido su nuevo cargo. Les confieso que estuve invitada a su toma de posesión, pero por los citados motivos no pude asistir, si bien llegué unos días después. Estando allí, se dio la acusación de Lobo. Recibí la noticia de primerísima mano, así como el deseo del ex presidente Rodríguez de afrontar su defensa en su propio país, desde su puesto en la OEA ganado con tanto esfuerzo personal y duro trabajo, de ello que fui testigo presencial. Pero la fuerte y profunda preocupación era la dificultad de que se le fuera a otorgar un juicio justo.

Nunca jamás pude imaginarme en qué iba a desembocar todo aquello. Daba por supuesto que en Costa Rica se respetaban los derechos humanos, que la justicia era pronta y se impartía a todos.

Cuando vi la imagen de la detención a su llegada no daba crédito a que aquello fuera cierto. Una de las personas de más prestigio, en América, y, por supuesto de los mandatarios que visitaban España. De hecho se le otorgó la máxima condecoración que los jefes de Estado pueden recibir, y junto a él también a la primera dama doña Lorena Clare.

Injustamente, y sin previo juicio, y mucho menos sin condena, fue encarcelado, transportado en el más denigrante medio de locomoción, presentándolo ya como culpable. No podía caber en mi mente, ni en la de todos, que eso fuera cierto en un país civilizado, con la grandeza de Tiquicia, y de los ticos, que siempre les ha caracterizado.

¿Qué ocurre en mi linda Costa Rica? No solo es que la justicia esté en riesgo, sino algo más grave aún: que sin piedad se aplique la más cruel de las injusticias.

Si eso hoy ocurre con un mandatario, ¿qué no podrá ocurrir con los demás? Se mata a una periodista y la investigación resulta ser puras chambonadas. ¿Qué podrá ocurrir a nuestros hijos? Es la pregunta que cualquiera puede hacerse.

Conozco de cerca al ex presidente Rodríguez Echeverría y a la ex primera dama doña Lorena Clare, sé que todos podemos cometer errores, quien esté libre que tire la primera piedra, pero en su haber tienen mucho bueno, verdadera entrega a proyectos para favorecer a los más necesitados, como puede ser la criatura que llega al mundo sin que su papá ni siquiera la reconozca. El trabajo duro, la continua preocupación por los demás, el deseo de ayudar y de hacer la vida agradable aunque les conlleve claro esfuerzo, es real en ellos, todo siempre con gran naturalidad y sin darse la menor importancia. Pienso que su gran error fue dimitir de la Secretaría General de la OEA.

Lo que están pasando no es solo duro para ellos, lo es para todos los que percibimos que en Costa Rica se da el grave riesgo de la injusticia, eso es un hecho probado. Más de dos años después de haber renunciado a un puesto ganado con su propio esfuerzo, dejando a Costa Rica en muy buen lugar al llegar a la Secretaría General de la OEA, y sigue pendiente de una acusación formal.

Muchos reconocemos su gran prestigio y deseamos que se le otorgue un juicio justo.



Carmen Soto Díez
Escritora y consultora de comunicación