“…debe sentirse satisfecho que de su propia voluntad regresó a nuestro país. Ese día lloré… al ver el espectáculo bochornoso que montaron con usted”.
“…allí me marginaron y pisotearon mis derechos de mujer y de persona. Me recordé de su persona y un día le escribí, quería contactarlo sin contarle lo que me sucedía, con su gentileza me contestó mi misiva… ¿Se da cuenta, Señor Presidente, cuánto me ha ayudado?”
Estimado don Miguel Ángel:

Deseando se encuentre, en medio de esa tribulación que ha vivido, con salud, en paz, fortalecido con la fe profunda que Ud. siempre ha tenido. Estamos orando porque así sea, para que pueda sobrellevar junto con su familia esta incomprensible y odiosa injusticia.

Quiera Dios que en este 2005 se aclaren los nublados y aquellos que tienen la mala fe como su principal compañera permitan que se le haga un juicio justo.