De don Miguel Ángel... tengo recuerdos desde infancia; sé que él no me conoce, a como yo no le conocía desde mi tierna infancia, cuando a los 4 años, después de aprender a leer, gracias a mi primer libro de cuentos, me tocó en suerte leer un libro que no comprendí: el mito del racionalismo...
 
 
Soy costarricense de cepa, y además soy de clase media-baja; en la actualidad estudio derecho en un buen colegio; trabajo arduo y de hecho me accidenté en esta semana que pasó dos veces por cuestiones de mi trabajo; tengo derecho a hablar y lo he hecho por medios electrónicos y ahora lo hago; con mente fría, con conocimiento de causa y el objetivismo que he recibido por medio de la educación superior y en especial por ilustres catedráticos, inclusive graduados de Harvard.

Primero diré que no es posible, como parte de este noble pueblo que soy, que se olvide una vida entera, por unos pequeños momentos de zozobra. Ante los "nublados” del día a todas y todos los costarricenses les quiero recordar que el legado de don Miguel Ángel es extenso, y de hecho se puede sentir en muchas y muchos ticos que hoy se desempeñan activamente dentro de nuestra fuerza laboral, y que, queriendo o sin proponérselo, llevan impresas las ideas de este ilustre costarricense, que a lo largo de una carrera, sembró las semillas bondadosas del conocimiento, en las aulas, con acciones y también en la literatura, que como fiel testigo hoy se muestra en tantas bibliotecas y librerías.

Segundo, quiero decir que no podemos olvidar el legado que nuestros antecesores han dejado, y que hoy disfrutamos, como lo es nuestro ordenamiento jurídico, el cual es utilitarista; yo soy parte de esta sociedad y como miembro activo y útil, creo y exijo que en todo este teatro, se me haga saber que utilidad ha tenido, tiene y tendrá, un proceso, donde no se respetan normas constitucionales, procesales y de derechos humanos. Me da miedo pensar que por medio de este circo, se intente crear jurisprudencia, que más adelante, bajo el estandarte de la "justicia", se utilice, para perseguir y manchar, la persona y vida de alguien que con mucho esfuerzo, a lo largo de los años, se forjó un nombre y engrandeció a un país.

No puedo dejar esta nota, sin antes hacer ver mi agradecimiento por los años de esfuerzo y servicio del ciudadano Rodríguez, así como el que en nombre de Costa Rica, la culta, la racional, la de todos, pedir sinceras disculpas, por todo lo que se le está haciendo pasar. Yo reconozco que la OEA no era un "chinamo de Zapote", reconozco que existe un protocolo, por lo cual es indebida la forma en que el caballero Rodríguez tuvo que lidiar para poder llegar hasta acá.

Me duele el saber que el hemisferio perdió a un gran líder, en un órgano como la OEA, pues perdimos mucho, en ese sueño de Simón Bolívar por una América unida y justa para todos.

Señor Rodríguez, le externo mi RESPETO, mi ADMIRACIÓN, mi APOYO, aunque poco valga y como si fuera profeta, desde este coloquio, hago saber al pueblo de Costa Rica, que usted saldrá bien librado de esto, y que pronto seremos nosotros los que pediremos cuentas, a tanta mala gente, que inclusive a nosotros, los de abajo, nos han causado un gran mal.

Que Dios bendiga a la familia Rodríguez Clare, y que bendiga a Costa Rica, por medio de su bondad y sabiduría!

H. Gibson Díaz C.

Respuesta de Miguel Ángel Rodríguez


Muchas gracias por su generosa carta.

Mucho le agradezco en especial dos cosas: La primera su defensa de nuestro estado de derecho. Cuando los derechos humanos de una persona son burlados, todas las demás que vivimos en esa comunidad política sufrimos en nuestros personales derechos. Cuando el debido proceso se viola en un caso todos los casos están en riesgo. Y cuando las violaciones no se corrigen, el estado de derecho se continúa deteriorando cada vez con mayor velocidad.

La segunda su demanda de una visión global de cada ser humano. Si para cualquier persona basamos nuestro criterio en una acción única la posibilidad de fallar y ser injustos son inmensas. Y peor aún cuando esa acción única todavía no ha sido adecuadamente juzgada.

Por eso lo que solicito no es impunidad, sino un juicio justo, con los jueces naturales y las garantías y procedimientos establecidos por la constitución y nuestras leyes penales, con racional y critica evaluación de la prueba en el expediente. No por una apasionada opinión pública conducida por medios interesados, sin oportunidad de defensa y sin garantías procesales.

Muchas gracias Gibson.

Cordialmente,

Miguel Ángel Rodríguez E.