Igual que hizo para finales del 2004, en ese entonces desde su celda y ahora desde su casa, el Ex Presidente de la República y Ex Secretario General de la OEA, Miguel Ángel Rodríguez, nos ha enviado un mensaje con ocasión de las festividades de Navidad y Año Nuevo que reproducimos a continuación:
 Miguel Ángel Rodríguez E.

La Navidad es una época tan especial que su mensaje de alegría, esperanza y amor cristiano tiene la capacidad de primar por encima de las circunstancias. Es la fuerza de ese amor que llega al extremo de hacerse Niñito y hombre para predicarnos el reino de Dios; de morir para redimirnos y de resucitar para enseñarnos el camino hacia el Padre.

Así, esta Navidad, pasada en libertad, no pude menos que recordar que la Navidad del 2004 fue una muy especial. La pasé en La Reforma, pero tuve la dicha que el 25 fue sábado. Como los sábados eran días de visita, y por ser 25, pude recibir a la familia completa y no sólo a tres personas como era lo usual. Habían venido de visita a Costa Rica Andrés, Vanessa y mis adorados nietos Sebastián, Antonio y Luisana. También vino Ana Elena a pocos meses de terminar sus compromisos en Texas A&M, y Lorena recién regresaba al país. Me visitaron también mis hermanos, incluyendo a Álvaro que había llegado de Roma a pasar las navidades aquí.

Estábamos en una celda, en una cárcel, pero el ambiente era de fiesta navideña y de familia. Celebramos el nacimiento del Niñito Jesús, y disfrutamos de la alegría con los regalos de los nietos. Un arbolito de Navidad enviado por un ingeniero amigo iluminaba con sus luces el ambiente. Y un pasito regalado por un amigo en funciones en el gobierno, y que me ha acompañado desde la primera contienda electoral en 1987, nos recordaba el propósito de la celebración. Almorzamos todos juntos….

Este año las circunstancias eran diferentes. Ana Elena ya está radicada en el país, feliz con su trabajo pedagógico con niños y niñas muy pequeñitos en nuestro querido Guanacaste. Y en este diciembre nos anunció su matrimonio a mediados del año 2006. Estamos obteniendo un nuevo hijo.

Andrés y Vanessa ahora radicados en el medio de Pennsylvania y trabajando en Penn State University nos trajeron a los nietos: como todo abuelo los encuentro cada día más encantadores, amorosos y bellos, y aprovechando la libertad pude jugar en el jardín con Sebastián, Antonio y Luisana.

Lorena ya se realizó su segunda operación de reemplazo de caderas, y se recupera dedicada a hacernos a todos la vida feliz.

Pudimos en esta Navidad atender a mi querida suegra, gracias a Dios con mejor salud que hace un año y recibir a las maravillosas familias de mis consuegros y de mi cuñada Nydia. Pocos días antes de la Nochebuena habíamos Lorena y yo disfrutado de la familia de mi hermana Blanca Cecilia en ocasión de su cumpleaños, y de Linda y sus hijos David, Eugenia y Laura. Mi hermano Álvaro llegó de Roma después de la Navidad, pero a tiempo para darnos el feliz año nuevo.

Y cientos de buenos amigos y familiares con sus saludos y su cariño nos recordaron a cada instante el amor de Dios. Ese amor también nos lo recordaron los buenos amigos a quienes visitamos o nos visitaron en los días previos a la Nochebuena, en el goce maravilloso de la libertad. El disfrute de la colección de pasitos de una familia amiga. La visita con Lorena a un hogar campesino en San Isidro de Atenas que pasa una gran estrechez económica, pero con abundancia de amor de Dios y entre ellos, que les depara felicidad y que me habían hecho llegar su voz de aliento a la prisión. El compartir en La Cocaleca de Palmares con una amiga en sus años plateados, que convive con su única hija y me llamaba al puesto 7 de La Reforma, al único teléfono público que allí había y que por supuesto estaba siempre ocupado y nunca pude saber como lograba acceder, pero lo lograba.

Un pasito que mamá le regaló a Lorena cuando nos casamos presidió nuestra fiesta navideña recibiendo y despidiendo a la familia en el vestíbulo de la casa.

Diferentes circunstancias, claro, pero que me hicieron recordar, con agradecimiento, a todas las personas que contribuyeron a hacer que en la Navidad del 2004 siempre tuviera presente el mensaje de amor de nuestro Creador. Y compartiendo con mi familia y mis amigos, mucho recordé este año a la policía penitenciaria, y su gentileza, respeto y cariño conmigo. A los reos adultos jóvenes y a los presos enfermos que compartían el Puesto Siete, en recintos vecinos encerrados tras barrotes, a quienes tuve el gusto de enviar unos humildes tamales para estas celebraciones.

También pensé y recé por todos los costarricenses: por quienes en lo más duro de mi prueba me hicieron llegar su consuelo, por quienes sufrieron porque se anidó en sus corazones la amargura y el odio engendrados por la persecución en mi contra y por quienes asistieron indiferentes a ésta, envueltos en las demandas y trabajos de sus propias vidas.

Doy a Dios gracias por el don de la libertad y por el milagro del amor y le pido al Niñito Jesús que derrame todo su amor y su paz en el corazón de todos los costarricenses, sin ninguna excepción y le dé paz al mundo entero.

Espero que en cada hogar de esta tierra la navidad nos haya iluminado los dones del amor y pido a Dios nos bendiga a todos en el 2006 y siempre.