Carta enviada por don Jorge Villalobos L.

Únicamente estando ausente, puede uno visualizar los cambios que ha experimentado una sociedad en un determinado período de tiempo. A nuestro regreso a Costa Rica, después de algunos años en el exterior, pudimos sentir que la saña y el rencor habían germinado en nuestra pacífica patria.
Nos encontramos con una sociedad desbordante de agresividad, en la cual se persigue a la Iglesia, en la persona de sus sacerdotes y obispos. Se maltrata con escarnio a su propia historia, en la persona de los Expresidentes. El esfuerzo de años por llevar a un compatriota hasta la Secretaria General de la OEA se sepulta de un zarpazo.

La prueba más evidente de lo que afirmo, es la posición del hijo de caudillo del 48, Expresidente también, que se niega a regresar a su patria hasta tanto no se marque correctamente la cancha y su hermano menor se refugia en La Lucha, sitio donde su padre gesto nuestra histórica revolución y advierte desde allí, que con su persona, preferiblemente no se metan. ¿A quién le advierte? ¿Cuáles son sus sentimientos que siento que comparto? ¿Cuál es nuestra próxima víctima?

¿Enterraremos también nuestro Premio Nobel de la Paz, reflejo de nuestra tradición de pacifismo y tolerancia? ¿Quién nos persigue y en dónde estamos los costarricenses, que tanto hemos defendido el trabajo y la paz?

La respuesta no es fácil, aunque siento el agotamiento de nuestros paradigmas sociales y culturales y siento también la necesidad de un cambio en ese sentido. Reinterpretemos el paradigma del éxito y que la brutal competencia ceda su sitio a la cooperación y la solidaridad. Realicemos una evaluación crítica de nosotros mismos y démosle paso a nuevos valores. Terminemos con el maltrato a nuestras tradiciones y a nuestros más destacados compatriotas. Seamos benevolentes con nosotros mismos. No enterremos nuestros logros. No destruyamos el Ser Costarricense. Todos somos participes de los éxitos y todos tenemos cuota de culpa en los desaciertos.

Don Miguel, sigamos adelante, usted sufriendo estoicamente y en su propio ser este castigo al que nos han sometido los "Dioses de Olimpo" y yo luchando por el nacimiento de una nueva conciencia. No desmayemos Don Miguel.

No estamos solos y la Cumbre del Chirripó nos aguarda.