Carta de doña Carmen Badilla B.


Muy apreciado don Miguel Ángel:

 Espero que al recibir esta carta, se encuentre bien de salud, y que Dios lo conserve con paz en esta dura prueba.
 
Somos muchas las personas que deberíamos agradecer continuamente las ayudas y favores que usted nos hizo con tanta generosidad.

Cada vez que recojo los tiquetes del bus como adulta mayor, le pido a Dios que lo bendiga, pero además, nunca acabaré de agradecerle que hace seis años fui operada de los ojos, gracias a usted y a doña Lorena, y que hoy me permiten seguir viendo bien. Será Dios quien se lo pague, porque Dios paga el ciento por uno.

Yo oro mucho por usted en la misa de todos los días y lo pongo en la patena en ofrenda al Señor.

Mis hijos y mis nietos se unen a mis oraciones, pidiendo muchísimo para que finalmente se alquile su casa y por la salud de doña Lorena.

También tengo amigas sinceras que rezan constantemente por usted y su familia.

Esperando que todo se resuelva muy pronto y ofreciéndole mis humildes oraciones, se despide de usted.

Carmen Badilla Benavides

Respuesta de Miguel Ángel Rodríguez E.


Muy querida Carmen:

 Yo no tengo como agradecerle a usted lo buena y servicial que ha sido con mi querida hermana Blanca Cecilia, como fue de atenta con mamá y papá y lo cariñosa que es con mis sobrinos, sobrinos nietos y sobrinos bisnietos.

 De modo que soy yo el agradecido de siempre, y ahora más por sus oraciones.

 Sepa que en medio de toda la persecución es un alivio el cariño de personas buenas como usted, y el recuerdo del bien que se pudo hacer desde la gestión pública a personas mayores, a niños, a adolescentes, a mujeres, a trabajadores, a las familias, a la seguridad ciudadana, a nuevos estudiantes, a niños no reconocidos, a madres adolescentes, a familias sin casa.

 Cuando pienso en eso a pesar del sufrimiento de ahora, vale la pena el camino recorrido.

 Carmen reciba un gran beso y muchas gracias.

Miguel Ángel Rodríguez E.