Agradezco infinitamente a Dios por este cambio de medida dictado por las autoridades judiciales. Mucho agradezco a mi familia su irrestricto apoyo. A los abogados su trabajo tesonero y dedicado. A los amigos y amigas que a lo largo de estos meses me han dado aliento. Y a los cientos de ciudadanas y ciudadanos de buena fe que con sus oraciones, mensajes de respaldo y comprensión, me han recordado en todo momento las mejores cualidades del pueblo costarricense.
 
Todos ellos con su amor y caridad cristiana me han ayudado a superar los atropellos y violaciones a mi derechos humanos que algunos han cometido en mi contra, y me han permitido afrontar estos momentos difíciles con paz en el espíritu y agradecimiento en el corazón.

He dicho reiteradamente que volví al país, por mi propia voluntad, para defenderme ante los tribunales de justicia. Para cumplir ese compromiso renuncié a mi posición internacional y a la inmunidad que me confería, y regresé para declarar ante los fiscales. Nunca he pretendido ni pretenderé escapar de la acción de las autoridades pertinentes, ni obstaculizarla en modo alguno. Todo lo contrario: volví voluntariamente para ponerme a sus órdenes y ejercer mi defensa. Y por enésima vez quiero decirlo al pueblo costarricense, con toda claridad: aquí estaré, no escaparé, porque quiero defenderme. Es el compromiso que he asumido y respetado desde el primer momento.

Soy el principal interesado en recibir un juicio justo. Ese es mi propósito. Y pido a Dios que me conserve la salud, para así poder aportar las pruebas necesarias y plantear los argumentos correspondientes, de modo que con base en las leyes y el valor de las pruebas, el juez natural pueda sopesar los méritos del caso y tomar una decisión justa, basada en los procedimientos establecidos, apegada a la letra y el espíritu de la ley.

Eso es todo lo que espero. Ese es mi derecho, igual que el de cualquier otro ciudadano en similares circunstancias. Eso es todo lo que siempre he pedido: Recibir un juicio justo.

15 de marzo de 2005