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Categoría: Cartas
“…allí me marginaron y pisotearon mis derechos de mujer y de persona. Me recordé de su persona y un día le escribí, quería contactarlo sin contarle lo que me sucedía, con su gentileza me contestó mi misiva… ¿Se da cuenta, Señor Presidente, cuánto me ha ayudado?”
 

Carta de doña Teresa Ching Z.


Doctor

Miguel Ángel Rodríguez

Expresidente de la República

San Rafael de Alajuela

Respetable señor Expresidente:


Reciba un saludo cordial de quien lo ha admirado siempre.

Me tomo la libertad de escribirle para desearle lo mejor, sé que no sabe quien soy, pero por medio del Programa de Hogares Comunitarios que usted y su esposa continuaron en su gobierno, me ayudó mucho, tanto que nunca tendrá idea.

Cuando decidí dejar de trabar, me fui a trabajar a Toronto, Canadá, allí me marginaron y pisotearon mis derechos de mujer y de persona. Me recordé de su persona y un día le escribí, quería contactarlo sin contarle lo que me sucedía, con su gentileza me contestó mi misiva, esto provocó ira en mis patrones además de miedo y en tres días me enviaron a mi país. ¿Se da cuenta, Señor Presidente, cuánto me ha ayudado?

Vivo muy agradecida, espero que un día me permita visitarlo para decirle "gracias don Miguel Ángel". Dios le colme de bendiciones.

Atentamente,

Teresa Ching Z.

PD Escribí un libro sobre mi Hogar Comunitario, me gustaría enviarle una copia, seria un honor que usted lo leyera.

Respuesta de Miguel Ángel Rodríguez


Sra.

Teresa Ching

Estimada doña Teresa:


Muchas gracias por el lindo regalo que me ha dado, contándome su experiencia en Canadá y expresándome su gratitud en esta mi hora de dolor.

Sé que soy un ser humano como todos, con limitaciones y debilidades, pero también hijo de Dios creado a su imagen y semejanza. Y con mis condiciones de humano me he esforzado por hacer bien a mi prójimo. Con la ayuda de Dios y de muchas personas buenas, en mis actividades académicas, empresariales, políticas e internacionales se alcanzaron importantes logros para mucha gente. Me alegro que un pequeño gesto mío haya sido para su beneficio, y por su trabajo con su hogar comunitario en beneficio de las madres trabajadoras de su vecindario. ¡Claro que me encantaría leer su libro!

Vine a Costa Rica por mi libre voluntad y renuncié a la OEA y a la inmunidad para someterme a un juicio en nuestros tribunales, pero me quisieron dar por condenado ante la opinión pública. Y para eso me recibieron con un circo para lincharme. Convirtieron la pista de aterrizaje en una arena para espectáculos y le pusieron tarimas a la prensa. Me detuvieron ilegalmente. Me esposaron. Me exhibieron. Me trataron de humillar. Me metieron a una perrera. Me llevaron para continuar la tortura a altas velocidades con sirenas, motos, patrullas y helicópteros hasta los calabozos de la OIJ y que declarara en el Ministerio Publico. Pudieron haberse evitado todo ese circo, pues yo le había avisado por carta y mediante mi abogado al Jefe del Ministerio Público que venia ese día al país para ir a presentarme esa tarde a su oficina.

Pero querían que yo apareciera como culpable. Por eso se ha burlado el artículo 295 del Código Procesal Penal que prohíbe hacer públicos en esta etapa del Procedimiento Preparatorio las declaraciones, documentos y contenido de la investigación de los Fiscales. Por eso se me tiene en el calabozo sin siquiera haber acusación y cuando nadie podría creer que si volví voluntariamente ahora vaya a querer escaparme.

Pero en medio de tanta violación a los derechos humanos y al debido proceso, personas como usted doña Teresa son verdaderas bendiciones que Dios me envía, y que hacen que su paz esté en mi corazón.

Dios la bendiga y le pague su bondad.

Cordialmente,

Miguel Ángel Rodríguez E.