Muy querido Carlos Alberto:

Con gran emoción te agradezco tu generosa columna que es verdadero ejemplo de amistad. Te pido disculpas por mi letra pero se fue deteriorando con el poco uso y ahora debo rescatarla pues en la prisión aún no me autorizan ingresar una computadora.
 
De manera especial me conmueve tu segunda observación que me señala que afuera de esta celda existe un futuro. Gracias, porque los seres humanos necesitamos propósito para nuestra vida, y eso significa no solo esperanza para el mas allá, sino también objetivos para el mañana acá. Cuando esto empezó mi hijo Andrés, dándome su amor, me comentó que ahora me tocaba descubrir para qué ocurría esto y cuál debería ser el objetivo del resto de mi vida, ahora que la búsqueda de los ideales interamericanos se había truncado.

Te voy a quitar un rato para contarte algunos aspectos de mi vida que te permitirán mejor entender esta situación, y para compartir otros elementos del trámite de esta investigación.

Nací y me eduqué en una familia sin mayores medios económicos. Mi padre, huérfano del suyo, salió de la escuela a los 12 años para trabajar en una ferretería y ayudar a su madre y a sus hermanas mayores, por las que vio hasta que se casaron. Él a su vez se casó con una mujer de las familias tradicionales pero sin patrimonio. Me eduqué en una familia profundamente comprometida con valores de la moral católica. Como sabes mi hermano Álvaro es el Superior General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle).

El padre de Lorena fue un emprendedor ingeniero civil que hizo carrera con empresas petroleras en Centro América, y a los 47 años empezó a desarrollar su propia actividad empresarial alquilando en Tegucigalpa una planta construida para preparar y exportar carne de res a Israel que no había tenido éxito. Le cambió de giro para exportar a Estados Unidos y tuvo que empezar por lograr que se estableciera en Honduras un sistema de inspección de la producción de carne vacuna que sometido a los Estados Unidos fuese aprobado. Después estableció una operación similar en Costa Rica.

Al término de mis estudios de leyes y economía en Costa Rica me casé con Lorena y nos fuimos con una beca a obtener el doctorado en Berkeley. Regresé y formé parte del gobierno de Don José Joaquín Trejos, y a su término cuando concluí mi función como Ministro entré a trabajar con tres patronos: uno de ellos mi suegro.

Poco tiempo después me concentré en esa actividad empresarial a la par de mi cátedra universitaria y el negocio fue creciendo con una política de fuerte reinversión y sufriendo los ciclos del mercado internacional de la carne. Establecimos 4 plantas para sacrificio de reses y preparación de cortes para exportación, otra para embutidos y enlatados, una planta de productos lácteos con Borden, una curtiembre para exportaciones, fincas para cría y engorde de ganado, siembras de arroz y melones, y una empresa de importación y distribución de carnes en Florida. El conjunto cuando yo empecé en política electoral a fines de los ochenta vendía arriba de $100 millones y tenía un patrimonio del orden de $25 millones.

Me separé de la administración en el 87 pensando que podría llegar a la presidencia en el 90, y terminé en el congreso como diputado. Luego vino la campaña presidencial para el 94 y cuando al perder volví a las empresas encontré que el ciclo negativo de precios de la carne las había afectado y estaban incurriendo en pérdidas.

El patrimonio aún era superior a los $20 millones. Mi suegro con muchos años no las podía conducir. Y con mi familia tomamos la decisión de tratar de vender y se inició una larga negociación con Cargill, que finalmente un año y medio después fracasó porque el costo de administrar muchos negocios pequeños para el tamaño de esa empresa no les fue atractivo.

La alternativa era abandonar la política y dedicarse a salvar los negocios.

Con mi familia decidimos vender los activos, ganados, fincas, plantas industriales, pagar pasivos y quedar con algún remanente, para no abandonar todo lo invertido y ya logrado en ir fortaleciendo una alternativa de modernización, apertura y racionalidad económica con la influencia ejercida en el PUSC y en la Democracia Cristiana en América Latina. Se veía que la hora para esas ideas después de mucha lucha ahora parecía estar pronta.

La venta de activos tomó mucho tiempo, los costos financieros fueron tomando cada vez mayor porción de los ingresos, y en la última planta vendida, la de curtiembre, no se dio el pago como convenido con el comprador. De esta manera, no solo no quedó valor alguno para los socios sino que quedaban obligaciones que debieron seguir siendo atendidas.

Probablemente este fue mi mayor error porque comprometido todo mi tiempo en una difícil labor de gobierno que quería hacer muchas cosas, no le di tiempo ni seguimiento a las obligaciones empresariales pendientes y tal vez por eso algunas acciones pueden haber dejado dudas. Además afectamos muchos intereses de los sectores protegidos: contratos de exportación con subsidios, precios altos con defensa arancelaria para productos alimenticios, susidios para sector turístico.

Con los intentos de abrir los monopolios estatales de electricidad, telecomunicaciones y seguros, y de hacer la inversión pública por medio de concesión en puertos (quedó firmada), carreteras (quedaron 1 otorgada y 3 en proceso), de cárcel (quedó firmada), de aeropuerto (quedó en operación), y de oleoducto y aguas negras (quedaron los esquemas de licitación listos); me gané la animadversión de los sindicatos, que también quedaron resentidos con mi apertura del sistema de pensiones a operadoras privadas.

Estos dos grupos y medios de prensa han mantenido una permanente campaña de desprestigio y destrucción de los partidos políticos tradicionales y esto con una visión de permanente denuncia y dificultad de toma de decisiones estableció un clima en el cual creció, de manera fulminante, una falsa acusación de un colaborador mío, que es hoy culpable confeso de haber recibido dinero de una empresa que ganó una licitación en la empresa pública en la cual este antiguo colaborador era directivo.

Inicialmente pensé que este era un caso sencillo que podría atender judicialmente mientras llevaba a cabo la transformación que había iniciado con mucho éxito en la OEA. Pero pronto me di cuenta de todo lo que se había dado cita en este caso.

Para no afectar a la OEA renuncié, y para enfrentar el caso envié carta al Fiscal General, un joven y ambicioso juez que había en su cargo y en la academia defendido los derechos humanos de los indiciados, y atacado a jueces, fiscales y hasta defensores por no protegerlos. En mi carta le indicaba que vendría al país y del aeropuerto iría a su oficina a presentar declaración e iniciar mi defensa ante los jueces.

Pero probablemente por la confluencia de intereses y la debilidad del caso judicial en mi contra; el fiscal, algunos medios y políticos se han unido para presentarme desde ya como condenado, para así presionar a los jueces en el futuro.

La detención en el aeropuerto fue ilegal, la orden era para cuando yo ya no fuese Secretario General de la OEA y aún lo era. Contra los acuerdos y normas de Naciones Unidas sobre detenciones me exhibieron, convirtieron la pista aérea en sala de espectáculos para la prensa, me torturaron sicológicamente, me esposaron (delincuentes de narcotráfico ya condenados no han merecido ese trato) y me pasearon en un desfile y esto en “perrera”.

Han violado constantemente el secreto del procedimiento preliminar, dando los fiscales los documentos y declaraciones que les interesa a la prensa, que en retorno destaca su protagonismo.

Me tienen con prisión preventiva cuando es absurdo pensar que quien regresa voluntariamente pudiendo habido obtener asilo político, ahora que ha vuelto, se va a fugar.

Cuando solicito a la corte imponga por sus violaciones al secreto del proceso, sanciones a los fiscales, le mandan el caso para su resolución al fiscal general.

Estoy con indefensión en mi accionar directo, pues para evitar los desfiles bufos publicitados, he tenido que abstenerme de participar en las vistas de mi caso ante jueces.

Bueno, que me es muy difícil tener un juicio justo que es lo único que exijo.

Así que podés imaginar lo que para mi familia, mis amigos y para mí ha sido de reconfortante tu columna.

Te pido disculpas por lo largo de esta carta y en esta letra tan poco favorable a la lectura. Pero sentí necesario contarte un poco mi visión de los hechos.

Espero poder salir de acá pronto y tener la dicha de poder mantener contigo una larga conversación sobre lo que socialmente está pasando en Costa Rica, y los riesgos que enfrentamos. Pero especialmente sobre "el para qué" de esta difícil situación. ¿Cuál deberá ser mi futura actividad? ¿Como convertir este mal en siembra de bienes?

Querido Carlos Alberto:

Espero que con la querida Linda y tu querida familia hayas disfrutado una Feliz Navidad, y les deseo a Uds. un Año Nuevo lleno de paz, amor y sabiduría.

Lorena se une a mí para enviarles todo nuestro cariño y la más profunda gratitud.

Con mucho afecto,

Miguel Ángel Rodríguez