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Categoría: Cartas

Carta de don Marvin Rodríguez V.

Don Miguel Ángel:

Escasamente conocí a mi Abuelo paterno; quienes sí tuvieron esa grata oportunidad lo describían como a un hombre de regular estatura, de hablar pausado y firme en sus convicciones.

 

El nació en Poás y fue hijo de campesinos españoles vascos que llegaron a esta patria en busca de nuevas oportunidades.

De tantas cosas lindas del Abuelo quedó entronizada una frase en la familia, que refleja conceptos filosóficos muy interesantes:

“Dar explicaciones, perdonar y juzgar solo a Dios”.

Mi Padre que en paz descanse, a quien sigo extrañando todos los días de mi vida después de veinticuatro años de estar ausente, en una oportunidad me explicó la trascendencia radical de la frase del Abuelo (palabras más palabras menos):

“Las explicaciones solo las da el maestro a sus alumnos. Juzga el juez frente a su conciencia, para tarde o temprano dar cuenta a Dios. Perdona solo el Ser Supremo cuando sus hijos piden con sinceridad y de rodillas, la absolutoria espiritual.”

Por lo anterior don Miguel Ángel, sigue siendo Usted para mí el ciudadano que escaló hasta la Presidencia de la Republica, a quien le debo respeto, permanente admiración y agradecimiento por tantas cosas que hizo en bien de esta Patria tan querida.

Le juro por ese buen Dios, cuyos designios nos cuesta entender, que Usted figura dentro de mis oraciones diarias, para que siga siendo fuerte y le dé paz interior.

Le adjunto copia de esta fotografía en la plaza pública de Nicoya, acto del que sigo sintiéndome orgulloso, por haber estado a la par de un gran hombre como Miguel Ángel Rodríguez.

Que Dios y la Virgen le bendigan eternamente.

Marvin Rodríguez V.

P.D.

Cuando estuvo en San Pedro me trasladé a visitarlo, al ser interceptado por la Guardia mostré mi cedula manifestándoles que Usted era mi primo. Desafortunadamente no logré ser su pariente ni siquiera por un minuto.

Respuesta de Miguel Ángel Rodríguez


Querido don Marvin:

Mucho le agradezco su carta, tan cuidadosa y bien escrita, y con una base de familia tan sólida con la que usted comparte en ella conmigo.

Sabio su abuelo, como sabias son las tradiciones y normas que se van forjando con el fuego del tiempo y de las experiencias acumuladas.

Así es como se han establecido los procedimientos penales y las garantías del proceso para evitar la arbitrariedad y defender los derechos humanos de todos.

Por eso es tan preocupante que en mi caso se haya burlado de tantas formas: arresto ilegal al llegar al país, exhibicionismo, circo y tortura sicológica, prisión sin ningún fundamento, pérdida e irrespeto a mi condición de inocencia, ruptura del secreto en forma reiterada del procedimiento preliminar, trato desigual pues el culpable confeso está en su casa y yo en el calabozo; por 6 días ni siquiera se me informó la causa de la prisión; falta de proporcionalidad entre supuestos delitos y prisión preventiva, etcétera, etcétera.

Por eso creo que esto no debe verse simplemente como una acusación en mi contra, sino como un ataque grave al estado de derecho.

Me dan gran alegría los recuerdos que me traen las fotos que me envías. Fue una linda campaña y me siento orgulloso del gobierno que Dios me permitió dirigir.

Gracias por haberme tratado de visitar en Vargas Araya, y me duele mucho no tener el honor de ser su pariente más cercano, lo que además me privó del placer de haberle visto.

Gracias también por sus oraciones que son de gran valor. Le cuento que debo dar y doy gracias a Dios todos los días por la paz que ha mantenido en mi corazón y por los mensajes de personas de buena voluntad que como usted me traen solidaridad y amistad.

¡Dios se lo pague! Espero haya tenido una linda Navidad, y que el Señor le dé paz, amor y sabiduría en el 2005 y toda su vida. Un abrazo,

Miguel Ángel Rodríguez E.